La palabra tibetana Bardo significa literalmente "estado intermedio" - también traducido como "estado de transición".
Desde el 22M no había vuelto a publicar nada en este blog, que no tiene más pretensión que ser un minúsculo grano de arena en este universo de desajustes en el que se ha convertido nuestro micromundo de realidades incomprensibles. Todavía con las caras llenas de sorpresa por los resultados de la jornada electoral en la que la izquierda recibió un buen varapalo, vamos despertando día a día hacia una nueva realidad que, en principio, no es demasiado alentadora.
Tratamos de analizar, explicar y justificar el porqué de lo ocurrido frotándonos los ojos viendo como, en algunas comunidades y Ayuntamientos, la derecha no sólo ha revalidado confianzas, sino que ha subido en votos y representación sin que se hayan reflejado los flagrantes casos de abusos y corrupción que se han venido dando en los últimos años y no llegamos a entender muy bien lo ocurrido.
Claves hay para todos los gustos y colores, pero creo que una de las posibles explicaciones está en el momento histórico que estamos atravesando. Andamos moviéndonos en lo que los budistas llaman el Bardo, que no es otra cosa que ese estado intermedio entre una realidad y otra; entre la muerte y el nuevo nacimiento. Es decir, en este caso, entre el final de una era y el comienzo de otra. Y es en este Bardo en el que la ciudadanía anda perdida sin más referencia que el miedo a no saber muy bien donde vamos, que queremos y a quien podemos creer y mucho más en quien poder confiar.
Durante años se ha tenido muy claro la diferencia entre la derecha y la izquierda, pero en estos tiempos y a lomos de la crisis sistémica que atravesamos, la gente ya no sabe a qué atenerse cuando se han tenido que llevar a cabo tan duras reformas que, ni han sido bien explicadas, ni han sido ecuánimemente aplicadas. Los ciudadanos, envueltos en el miedo a nuevos tiempos sin referentes claros, han ido a buscar el abrigo de lo malo conocido que lo bueno por conocer; o de forma más burda…al me quedo con el original que las copias no me gustan.
Este es un tiempo de caos, de falta de futuro, de inseguridad y de miedos, de pérdida de referentes y ausencia de voces claras. Es un tiempo abonado para la demagogia y las frases huecas y apelando al patriotismo de lo individual frente a lo colectivo, al miedo al vecino y la búsqueda del chivo expiatorio a quien acusar de todos los males habidos y por haber. Este no es tiempo de reflexión para ellos sino de acción sin reflexión que es lo más peligroso que puede haber.
Es en este “Bardo” en el que la ciudadanía corre despavorida hacia los extremos para buscar el cobijo y el calor de la sinrazón que le de respuestas a sus miedos e inseguridades.
Frente a ello, la izquierda Europea se halla vacía de propuestas y nuevas vías, de entendimientos y rearmes ideológicos, remisa a alzar la voz clara y contundente para ofrecer un nuevo espacio que aparezca al otro lado de este “tiempo Bardo”
Dicen que nunca es tarde si la dicha es buena, y ahora, más que nunca, hay que empezar a levantar la voz…una voz clara y diferente contra el neoliberalismo imperante, contra el pasado caduco y contra los que no quieren más que el poder por el poder aprovechando tantos ojos cerrados por el miedo.
Todavía hay tiempo. Todavía hay tiempo para un tiempo nuevo.
“Estimados colegas, hemos sido elegidos por nuestro pueblo y nuestro pueblo espera que nos escuchemos profundamente y que utilicemos un lenguaje que se corresponda con nuestro conocimiento y comprensión. Pongamos en común nuestras experiencias y conocimientos individuales para que podamos ofrecer nuestra comprensión colectiva y podamos tomar las mejores decisiones para el país y la gente” (Thich Nhat Hanh. Monje Zen)